Las 5 ETS más comunes en España que deberías conocer (y cómo prevenirlas)

Las 5 ETS más comunes

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En España, los diagnósticos de ETS han ido al alza en los últimos años y los datos lo confirman: en 2024 se notificaron 41.918 casos de clamidia, 37.257 de gonorrea, 11.930 de sífilis y cerca de 2.000 de linfogranuloma venéreo, según el Informe de Vigilancia Epidemiológica 2024. Este aumento sostenido subraya la necesidad de realizar cribados periódicos, consultar ante cualquier síntoma y mantener una prevención constante. 

Por eso, desde Ambar Lab, ponemos a disposición de nuestros clientes todas las herramientas necesarias para realizar diagnósticos de ETS y así detectar cualquier infección de forma temprana, recibir orientación profesional y tomar medidas preventivas que protejan tu salud sexual. 

Asimismo, entendemos la necesidad de comprender el panorama actual de las ETS en España: te contamos las 5 enfermedades de transmisión sexual más comunes en el país. 

Clamidia

Es causada por la bacteria Chlamydia trachomatis y se transmite principalmente mediante relaciones sexuales sin protección, ya sean vaginales, anales u orales. Puede afectar al cuello uterino, la uretra, el recto y, con menor frecuencia, a la garganta. En parejas con pene, los signos más habituales incluyen escozor al orinar y secreción uretral; en parejas con vagina, puede aparecer flujo anómalo, sangrado entre reglas o dolor pélvico leve. Sin embargo, un número elevado de infecciones cursa sin síntomas, lo que favorece la transmisión y retrasa el diagnóstico.

Cuando la infección no se trata, en mujeres puede provocar enfermedad inflamatoria pélvica y aumentar el riesgo de infertilidad o de embarazo ectópico. En hombres, puede causar epididimitis y molestias persistentes al orinar. El tratamiento antibiótico indicado por un profesional de la salud (habitualmente doxiciclina, según pauta vigente) resuelve la infección en la mayoría de los casos. La prevención pasa por el uso correcto del preservativo en todas las prácticas sexuales, la reducción de parejas ocasionales y los cribados periódicos.

Gonorrea

Causada por Neisseria gonorrhoeae, se propaga por contacto sexual sin protección. Suele producir escozor al orinar y secreción uretral en hombres; en mujeres puede pasar desapercibida o presentarse con aumento de flujo vaginal, sangrado tras las relaciones o dolor bajo vientre. También puede afectar recto y faringe, con molestias locales o dolor al tragar en las infecciones orales.

El mayor problema de la gonorrea, además de sus complicaciones si no se trata (enfermedad pélvica inflamatoria, infertilidad o diseminación a articulaciones), es el desarrollo de resistencias a fármacos. Hoy, la pauta de elección incluye antibióticos de uso parenteral o combinado, siempre indicados por un profesional, con seguimiento posterior para confirmar respuesta microbiológica. Como en otras ets, la barrera física mediante preservativo, la comunicación abierta con la pareja y el cribado cuando existe exposición de riesgo son pilares para cortar la transmisión. 

Virus del papiloma humano (VPH)

El VPH engloba un grupo amplio de virus con una distribución muy extendida. La mayoría de las personas sexualmente activas tendrá contacto con algún tipo de VPH a lo largo de su vida, a menudo sin síntomas. Existen genotipos de bajo riesgo que pueden causar verrugas anogenitales y genotipos de alto riesgo vinculados con lesiones precancerosas y cáncer de cuello uterino, además de otros cánceres anogenitales y orofaríngeos.

La vacuna frente al VPH ha demostrado una gran eficacia en la reducción de verrugas y de lesiones de alto grado. La recomendación abarca preadolescentes y adolescentes, y también puede plantearse en adultos jóvenes según historia sexual y criterio clínico. Aun con vacunación, las medidas de barrera siguen siendo útiles, y en mujeres las citologías y pruebas de VPH forman parte de los programas de cribado, esenciales para detectar lesiones antes de que progresen. Es importante recordar que la ausencia de lesiones visibles no excluye la infección, de modo que el seguimiento según edad y protocolos de cribado resulta determinante. 

Herpes genital (VHS-1 y VHS-2)

El herpes genital está causado por los virus del herpes simple tipo 1 (VHS-1) y tipo 2 (VHS-2). Se transmite por contacto íntimo piel con piel y por sexo oral, vaginal o anal. En el primer episodio suelen aparecer vesículas dolorosas que se rompen y dejan pequeñas úlceras, acompañadas de picor, escozor al orinar y, en ocasiones, fiebre y malestar general. Tras el primer brote, el virus permanece en los ganglios nerviosos y puede reactivarse con brotes posteriores, habitualmente más leves.

No existe cura definitiva, pero los antivirales acortan la duración de los brotes, alivian síntomas y reducen la capacidad de transmisión, sobre todo si se inician de forma temprana. Fuera de los episodios, la transmisión es menos probable, aunque no imposible. Por ello, conviene evitar el contacto sexual durante un brote y usar preservativo de forma constante. Informar a la pareja y reconocer los signos de reactivación ayuda a disminuir el riesgo de contagio de esta ETS.

Sífilis

Está provocada por Treponema pallidum y se divide en varias fases. La primaria se caracteriza por una úlcera indolora (chancro) en el lugar de entrada de la bacteria, que remite por sí sola en semanas. La secundaria puede manifestarse con erupción cutánea, fiebre baja, dolor de garganta y adenopatías. Sin tratamiento, la infección entra en una fase latente y, con el tiempo, puede progresar a formas tardías que dañan corazón, sistema nervioso y otros órganos.La transmisión ocurre por contacto sexual sin protección, incluyendo sexo oral, cuando hay lesiones activas. El diagnóstico se basa en pruebas serológicas y, en lesiones iniciales, en técnicas directas. El tratamiento con penicilina benzatina resulta altamente efectivo y su elección depende del estadio. Es importante tratar a las parejas, notificar contactos recientes y realizar seguimiento serológico para confirmar la respuesta.

¿Qué pruebas existen para detectar una ETS?

La elección del test depende del microorganismo, del lugar de exposición y del tiempo transcurrido desde la última práctica de riesgo. En clamidia y gonorrea, la prueba de elección suele ser la técnica de amplificación de ácidos nucleicos (TAAN/NAAT), que detecta el material genético de la bacteria en muestras de orina o exudados de cuello uterino, uretra, recto o faringe, según prácticas sexuales. 

Para la sífilis, el diagnóstico se apoya en pruebas serológicas: test treponémicos y no treponémicos. El primero confirma contacto con el microorganismo; el segundo ayuda a valorar actividad y respuesta al tratamiento. En presencia de úlcera, puede plantearse una prueba directa en la lesión. En cuanto al herpes, el diagnóstico durante el brote se realiza con PCR de la lesión; la serología puede aportar información sobre exposición previa, aunque no diferencia con exactitud entre infección activa o pasada.El VPH requiere una aproximación particular: en mujeres, el cribado cervical incluye citología y, según edad y protocolos, prueba de VPH de alto riesgo. Las verrugas anogenitales se diagnostican clínicamente y, si hay dudas, el especialista valora una biopsia. Además, ante prácticas sin protección con riesgo de VIH u otras ETS, se recomienda una evaluación completa que puede incorporar test de VIH de cuarta generación y hepatitis, ajustada al tiempo desde la exposición.

¿Cuánto tiempo tarda en aparecer una ETS después del contagio?

Cada infección tiene un periodo de incubación y una “ventana diagnóstica” distinta, es decir, el intervalo entre la exposición y el momento en el que la prueba ya puede detectar la infección con fiabilidad. 

  • Clamidia: los síntomas (cuando existen) suelen aparecer entre una y tres semanas tras la exposición. Por práctica clínica, muchas guías recomiendan testar a partir de los 7–14 días tras la relación de riesgo.
  • Gonorrea: suele dar señales en un intervalo de 2 a 7 días en hombres, mientras que en mujeres puede tardar más o no mostrar síntomas. Las NAAT y los cultivos detectan la infección pronto; si el resultado inicial es negativo y el riesgo fue alto, conviene repetir el test pasado un tiempo corto.
  • Herpes genital: tiene una incubación habitual de 2 a 12 días. Si se acude a consulta cuando las lesiones ya han cicatrizado, el rendimiento baja y el profesional puede optar por otras estrategias diagnósticas o de seguimiento.
  • Sífilis: la incubación media ronda las tres semanas, aunque puede variar entre 10 y 90 días. Las pruebas serológicas pueden tardar un poco en positivizarse tras el chancro inicial, de modo que, si el test se hace muy pronto, quizá haga falta repetirlo a las pocas semanas. 

VPH: la infección a menudo cursa sin síntomas y puede permanecer latente durante meses o años. Por eso, en el caso del VPH la clave es cumplir los programas de cribado y plantear vacunación si está indicada.

Prevención y salud sexual a tu alcance

Conocer las ETS más comunes, sus síntomas, sus periodos de incubación y las pruebas disponibles ayuda a proteger tu salud y la de quienes te rodean. Por eso, desde Ambar Lab hacemos hincapié en la prevención: es la mejor manera de evitar contagios, detectar posibles infecciones a tiempo y garantizar un bienestar sexual seguro y responsable.

Si buscas un laboratorio clínico de confianza donde realizar estas pruebas de detección y muchas más, nosotros contamos con un equipo de profesionales listo para asesorarte y realizar los análisis con la máxima rigurosidad.Contacta con nuestro equipo para conocer las diferentes pruebas de ETS y da un paso adelante en la protección de tu salud sexual.

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