Microbiota: las bacterias intestinales ‘buenas’

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Cuando hablamos de bacterias es normal asociarlas a algo malo, nocivo o peligroso para nuestro cuerpo, ya que existen muchas de ellas que sí pueden provocar problemas de distinto calibre, como gastroenteritis, artritis o salmonela si no se detectan y tratan a tiempo. Sin embargo, hoy venimos un poco más positivos, ya que queremos hablar de aquellas bacterias de que ayudan a nuestro organismo a funcionar de forma adecuada. 

Exactamente, vivimos y necesitamos tener bacterias en nuestro cuerpo, ya que cada una de ellas cumple una función específica. Si de repente te soltamos la palabra ‘microbiota’ quizá no sepas a qué nos referimos, pero si te decimos ‘flora intestinal’ seguro que lo has asociado a algún anuncio de yogures y sabes por dónde van los tiros. Ambos términos significan lo mismo y sirven para referirnos al conjunto de bacterias localizadas en nuestro intestino que forman parte del funcionamiento de nuestro cuerpo. 

En el post de hoy desmitificaremos estas bacterias tan necesarias y veremos todas las cosas que hacen por nosotros cada día. ¡Vamos allá!

 

¿Qué es la microbiota?

Como hemos comentado brevemente, la microbiota son el conjunto de bacterias o microorganismos vivos que se localizan en nuestro intestino o tubo digestivo. Puede sonar contradictorio que necesitemos tener dentro de nuestro cuerpo bacterias vivas, pero su presencia es indispensable para el desarrollo del sistema inmune, la conducta humana e incluso el estado de ánimo.

La también llamada microflora nos acompaña desde que nacemos y se mantiene en unos niveles más o menos estables hasta los 3 años. En cuanto pasamos esa edad, se van produciendo modificaciones en todos estos microorganismos conforme cambiamos de dieta o crecemos. Para que veas todo lo que estos pequeños seres vivos que tenemos viviendo sin pagar alojamiento en nuestro intestino hacen por nosotros en cuestiones de inmunidad e infecciones, te dejamos algunas de las funciones que cumplen:

 

  • Participan en la producción de energía y ciertas vitaminas (vitamina K y algunas del complejo B).
  • Ayudan a regular el metabolismo, ya que participan en la digestión de los alimentos que no se han podido digerir en el intestino delgado o en el estómago.
  • Regulan y fortalecen el sistema inmune.
  • Combaten agresiones de otros microorganismos para proteger la integridad de la mucosa.
  • Regulan la secreción de neurotransmisores intestinales, insulina y péptidos.

 

La conocida como microbiota hace siempre referencia a las bacterias del intestino, pero existen también bacterias en otras partes del cuerpo, como en la nariz, en la boca, en los pulmones, en la vagina e incluso en la piel. Todas ellas conforman un conglomerado de células bacterianas y humanas, por lo que en un primer momento se creyó que había más bacterianas que humanas en la ‘mezcla’. Estudios más recientes ya han comprobado que, en realidad, es más bien un 50-50 de cada tipo.

La cantidad de microflora intestinal, la protagonista de hoy, es un poco abrumadora: en una persona de unos 70kg existen más de 100 billones de microorganismos que pesan alrededor de 200g. Un dato curioso: en la microbiota de una persona podemos encontrar hasta 150/200 veces más genes en la que en el conjunto de sus células. Hay que tener en cuenta que el genoma humano posee más de 23 000 genes, mientras que un microbioma cuenta con más de 3 millones de genes, producidos por millares de metabolitos. Si hacemos cálculos, nuestros genes son microbianos en más del 99%.

 

Composición de la microbiota

Cada microflora es única, ya que una persona también lo es. Además, hay que tener en cuenta otros factores externos e internos que pueden alterarla. Las características sobre las que no podeos hacer nada, que vienen ‘de serie’, son:

  • La genética.
  • El componente anatómico del tracto intestinal.
  • La edad gestacional (si ha habido parto prematuro o parto a término).
  • El modo de nacimiento (parto vaginal o cesárea).
  • La edad.

 

Obviamente, nada podemos hacer para cambiar o solucionar los elementos con los que hemos nacido. Sin embargo, a la flora intestinal también la afectan las costumbres del día a día o los hábitos:

  • La alimentación durante la infancia (leche materna, fórmulas infantiles, alimentos sólidos…).
  • Los fármacos (antibióticos, antiácidos, antidiabéticos…).
  • Los hábitos alimentarios y las maneras de cocinar en la edad adulta.
  • El entorno y modo de vida (medio rural o urbano, actividad física, tipo de trabajo).
  • El aumento de peso.

 

Patologías que puede sufrir la microbiota

Al estar en el intestino y ayudar en algunas de sus funciones, la microbiota está estrechamente relacionada con la aparición de enfermedades intestinales e inflamatorias, el estreñimiento o la incluso la celiaquía. También está relacionada con otras patologías, como la obesidad, el asma o ciertas enfermedades cardiovasculares.

Si se altera algún factor es cuando puede aparecer una enfermedad. Algunas de las afecciones intestinales relacionadas directamente con la microbiota son:

  • Celiaquía, un trastorno producido por una reacción a la ingesta de gluten.
  • Enfermedades inflamatorias intestinales (enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa, causada por la inestabilidad en la microbiota).
  • Diarrea aguda, acompañada en ocasiones de vómitos, fiebre, náuseas y deshidratación.
  • Infección por Helicobacter Pylori, enfermedad generalmente asintomática pero que puede producir gastritis, cáncer de estómago y úlcera gástrica.
  • Entercolitis necrosante, una patología común en recién nacidos debido a la lactancia artificial o de la prematuridad.

  

Aunque hay que tener en cuenta todos los factores, es la alimentación lo que más influirá en que nuestra microbiota esté sana y feliz. Es la dieta la que nos aporta todos los nutrientes y vitaminas que necesitamos, por lo que si comemos demasiados productos procesados y ultra procesados con demasiada frecuencia no estamos ayudando ni a estos microorganismos, que solamente quieren hacer un buen trabajo, ni a nuestro cuerpo en general. De ahí que el dicho ‘somos lo que comemos’ siga siendo tan actual.

 

¿Qué altera la flora intestinal?

Además de las causas que hemos comentado anteriormente, es posible que tu microflora intestinal se ve afectada puntual o constantemente por otras causas que también se tienen que tener en cuenta:

  • Una mala alimentación. Una dieta pobre en fibra y con demasiadas carnes, grasas y azúcares pueden afectar muy negativamente a tus microorganismos.
  • Malos hábitos. Ya hemos comentado arriba algunos, pero recalcamos que el sedentarismo, el estrés, el alcohol, el tabaco, el insomnio y las rutinas de sueño irregulares son fatales para la flora bacteriana, al igual que una exposición excesiva a la contaminación.
  • La edad. Envejecer significa, lamentablemente, ser mucho más vulnerable a cualquier problema de salud. A partir de los 60 años el número de bacterias beneficiosas va bajando poco a poco. De ahí el aumento de enfermedades, infecciones y síntomas digestivos (como el estreñimiento).
  • Infecciones víricas o bacterianas y otras enfermedades digestivas (colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn).
  • Tratamientos postoperatorios, como la radioterapia o una cirugía.
  • Viajes. Es de saber popular que, cuando viajamos, nuestro estómago no es el que debería ser. Los cambios de horarios o rutinas, la dieta de otros lugares o las zonas de climas más tropicales son factores que aumentan el riesgo de contraer la famosa diarrea del viajero.

 

Probióticos y prebióticos

Pasemos ahora al yogur, el motivo por el que seguramente hayas oído hablar de la flora intestinal. Este alimento es riquísimo en probióticos, un complemento alimenticio a base de otros microorganismos que llegan como refuerzos de la flora, ayudando a mejorar, restaurar y mantener su composición. Son bacterias vivas que podemos encontrar en alimentos fermentados, como el yogur, el kimchi y el chucrut. Si te gusta este tipo de comida, ¡adelante! Tu estómago te lo agradecerá (siempre con cabeza).

Los prebióticos, por su parte, son una fibra que estimula el crecimiento de la microbiota, sobre todo en la tercera edad, y le sirve de alimento. Ambos elementos juntos pueden ser un salvavidas para nuestra microbiota si no la hemos estado tratando adecuadamente. Lo recomendable es tomar al menos 30 gramos de fibra al día. 

Ten cuidado si tu dieta es habitualmente baja en fibra y de repente aumentas su consumo. Este cambio tan repentino puede causar gases e hinchazón, así que haz los cambios paso a paso y sin prisa y bebe más agua.

Incorporarlos a nuestra dieta es sinónimo de prevención de casi cualquier alteración de la flora intestinal. Eso sí, no significa que tengamos que tomarnos un yogur cada día; lo mejor es, si una persona nota ciertas molestias en el estómago, vaya al médico y le haga las pruebas pertinentes para ofrecerle el mejor tratamiento.

 

Los mejores amigos de la microbiota

Un intestino sano es aquel que tiene una gran diversidad de microbios que tienen una relación simiente. Eso sí, cada uno tiene un ‘paladar’ específico y necesita unos alimentos concretos para estar sano. De ahí que la mejor forma de mantener una flora sana es comer equilibrado. A mayor variedad de alimentos, más bacterias distintas prosperarán en tu intestino.

Evitar los alimentos procesados te ahorrará muchos dolores de cabeza en cuanto a los cuidados de la microbiota y de tu organismo en general, ya que muchas veces estas comidas contienen ingredientes que anulan las bacterias ‘buenas’ o aumentan las ‘malas’. ¿Solución? Eliminarlas de la dieta o consumirlos esporádicamente.

El aceite de oliva es la mejor elección para cualquier dieta. Puedes usarlo en vez de otro tipo de aceites y grasas en tus comidas, siempre que el sabor sea el adecuado, aya eu su nivel de polifenoles, que son buenos para los microbios, es más alto.

Como ves, no solamente el yogur sirve para enviar un poco de ayuda a nuestra microbiota. Asegúrate de llevar una dieta equilibrada tanto para mantener los niveles de estos microorganismos como para el resto de funciones y órganos, a los que también afecta una mala alimentación.

Si tienes sospechas de que podrías tener alguna irregularidad en la flora intestinal, lo mejor es acudir al médico para que te haga una serie de análisis y vea qué está ocurriendo en tu interior. En AmbarLab entendemos la importancia de una simple prueba para la tranquilidad mental del paciente, por lo que en nuestro laboratorio más de 3.000 pruebas, además del acompañamiento en la gestión de tu negocio y el desarrollo de nuevos proyectos.

No nos conformamos con lo convencional, nos motiva e ilusiona ofrecer un punto más, con un trato más humano y personalizado. Por ello, si tienes alguna duda o simplemente quieres saber más información sobre nuestros métodos, puedes ponerte en contacto con el equipo, que te acompañará en todo momento.

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