Durante el embarazo, cada decisión sobre la alimentación, la higiene y el contacto con animales puede generar dudas. Los futuros padres se enfrentan a un sinfín de consejos y advertencias médicas, muchas veces difíciles de diferenciar. Entre todas ellas, existe un riesgo silencioso que puede afectar al bebé si no se toman precauciones: la toxoplasmosis en embarazadas.
Su detección mediante un análisis de sangre es la manera más fácil de confirmar su existencia. Para ello, puedes contar con Ambar Lab, donde contamos con más de 3000 pruebas de laboratorio entre las que podemos detectar la toxoplasmosis en embarazadas. A continuación explicamos qué es la toxoplasmosis, cómo se transmite y qué puede ocurrir cuando aparece.
¿Qué es la toxoplasmosis?
La toxoplasmosis es una infección causada por un parásito llamado Toxoplasma gondii. Se trata de un protozoo ampliamente distribuido en el mundo que puede infectar a humanos y a otros animales de sangre caliente.
En personas con defensas normales, la infección suele pasar inadvertida o manifestarse con síntomas leves. Sin embargo, cuando la infección se adquiere por primera vez durante el embarazo, Toxoplasma gondii puede atravesar la placenta y alcanzar al feto, dando lugar a toxoplasmosis congénita.
Por qué preocupa la toxoplasmosis en embarazadas
Estos son los tres motivos principales:
- La infección primaria durante la gestación puede transmitirse al feto, dando lugar a toxoplasmosis congénita.
- El riesgo de transmisión aumenta con la edad gestacional, pero las formas más graves suelen asociarse a infecciones en el primer trimestre del embarazo.
- Muchas madres están asintomáticas, lo que hace necesario apoyarse en pruebas de laboratorio para detectar la infección y valorar su impacto.
¿Cómo se transmite?
Para entender la toxoplasmosis en embarazadas es clave conocer las principales vías de contagio. La infección se adquiere sobre todo por vía digestiva.
Vía alimentaria: carne, embutidos y agua
La ingestión de quistes de Toxoplasma gondii presentes en alimentos es la vía de transmisión más frecuente:
- Carne cruda o poco hecha (especialmente cordero, cerdo o vacuno) y embutidos elaborados con carne cruda pueden contener quistes del parásito si el animal estuvo infectado.
- Agua contaminada también puede actuar como vehículo de transmisión en determinadas zonas.
- Vegetales crudos y ensaladas listas para consumir pueden contaminarse si han estado en contacto con suelo o agua con ooquistes de Toxoplasma gondii. Un estudio europeo reciente detectó material genético del parásito en alrededor de un 4,1 % de las bolsas de ensalada analizadas, lo que subraya la necesidad de extremar la higiene de estos productos, especialmente en grupos vulnerables como las embarazadas.
Contacto con gatos y suelo contaminado
Los gatos infectados pueden eliminar ooquistes de Toxoplasma gondii en sus heces durante un periodo limitado de tiempo. Esos ooquistes pueden llegar a:
- Cajas de arena.
- Jardines, huertos o zonas de tierra donde juegan niños.
- Superficies y objetos contaminados que después se manipulan con las manos.
Las personas se infectan si, tras manipular tierra o heces de gato contaminadas (o cualquier objeto que las contenga), llevan las manos a la boca sin lavarlas adecuadamente.
Otras vías de transmisión
Aunque son menos frecuentes, existen otros mecanismos de transmisión descritos:
- Transfusiones sanguíneas o trasplantes de órganos provenientes de donantes infectados.
- Transmisión congénita, cuando una madre adquiere toxoplasmosis por primera vez durante el embarazo y el parásito atraviesa la placenta.
En la práctica clínica diaria, la toxoplasmosis en embarazadas se evalúa teniendo en cuenta estos factores de riesgo e integrando la información con los resultados de laboratorio.
¿Qué le pasa a una mujer embarazada con toxoplasmosis?
La toxoplasmosis en embarazadas puede cursar sin síntomas o con un cuadro muy parecido a una infección viral leve. No obstante, sus consecuencias sobre el feto pueden ser relevantes.
Síntomas habituales en la madre
En la mayoría de los casos, la embarazada:
- No presenta síntomas o estos son muy discretos.
- Puede referir cansancio, malestar general, febrícula, dolor muscular o inflamación de ganglios, sobre todo en el cuello.
Estos signos suelen confundirse con otras infecciones leves, por lo que la toxoplasmosis en embarazadas rara vez se sospecha solo por la clínica. El diagnóstico se basa sobre todo en la serología y otras pruebas complementarias.
Riesgos para el feto según la edad gestacional
Cuando se habla de toxoplasmosis en embarazadas, el foco principal es el feto:
- A medida que avanza la gestación, aumenta la probabilidad de transmisión al feto, pero suele disminuir la gravedad de las secuelas cuando la infección se produce en etapas tardías.
- En el primer trimestre, el riesgo de transmisión es menor, pero la infección puede causar aborto espontáneo, muerte fetal o malformaciones graves.
- En el segundo trimestre, la transmisión es más probable y pueden aparecer alteraciones neurológicas y oculares.
- En el tercer trimestre, el feto se infecta con más facilidad, pero muchas veces el recién nacido es asintomático al nacimiento, con posibilidad de desarrollar complicaciones oculares o neurológicas años después.
Posibles consecuencias en el recién nacido
La toxoplasmosis congénita puede manifestarse de formas muy variadas:
- Hidrocefalia o ventriculomegalia (acúmulo de líquido en el cerebro).
- Calcificaciones intracraneales.
- Coriorretinitis (inflamación de la retina) con riesgo de pérdida de visión.
- Convulsiones.
- Retraso del desarrollo psicomotor.
- Ictericia, anemia o hepatoesplenomegalia en el periodo neonatal.
¿Cómo se diagnostica la toxoplasmosis en embarazadas?
La evaluación de la toxoplasmosis en embarazadas se basa en pruebas de laboratorio para conocer si la mujer:
- Nunca ha estado en contacto con el parásito.
- Tiene inmunidad previa.
- Se ha infectado recientemente, con posible riesgo de transmisión al feto.
Serología: anticuerpos IgG e IgM
El primer paso suele ser la determinación de anticuerpos IgG e IgM frente a Toxoplasma gondii:
- IgG negativa / IgM negativa: sugiere que la gestante no ha tenido contacto previo con el parásito y es susceptible de infectarse durante el embarazo.
- IgG positiva / IgM negativa: compatible con infección antigua e inmunidad establecida; en general, el riesgo de transmisión al feto es muy bajo.
- IgG positiva / IgM positiva: puede indicar infección reciente, pero la interpretación requiere cautela, ya que la IgM puede persistir durante meses.
- IgG negativa / IgM positiva: sugiere infección muy reciente, aunque también hay que descartar resultados falsos positivos.
Estudio de avidez de IgG
Cuando se detectan IgG e IgM positivas en una embarazada, el estudio de avidez de IgG es una herramienta clave para distinguir entre infección reciente y pasada. La avidez refleja con qué fuerza se unen los anticuerpos IgG al antígeno:
- Baja avidez: orienta a infección primaria reciente.
- Alta avidez: prácticamente descarta una infección primaria en las últimas semanas o meses (por ejemplo, en las últimas 16 semanas según criterios de algunos laboratorios).
PCR para Toxoplasma gondii en líquido amniótico u otras muestras
Cuando existe sospecha de infección fetal, la PCR para detectar ADN de Toxoplasma gondii en líquido amniótico es la técnica de referencia para confirmar si el feto está infectado.
- Se suele realizar tras documentar una infección materna reciente y en un momento concreto de la gestación, indicado por los protocolos clínicos.
- Un resultado positivo indica infección fetal y ayuda a ajustar el tratamiento y el seguimiento.
¿Cómo se trata la toxoplasmosis durante el embarazo?
El manejo farmacológico de la toxoplasmosis en embarazadas tiene dos objetivos principales:
- Reducir la probabilidad de transmisión transplacentaria.
- Disminuir la gravedad de las manifestaciones de toxoplasmosis congénita cuando el feto está infectado.
Los esquemas terapéuticos dependen del momento de la gestación, de la confirmación o no de infección fetal y de las características de cada paciente. En cuanto a los fármacos más utilizados, son la espiramicina, cuando la infección materna se detecta en fases iniciales del embarazo y todavía no se ha demostrado infección fetal, y una combinación de pirimetamina, sulfadiazina y ácido folínico, que se reserva habitualmente para situaciones en las que se ha confirmado o se sospecha con fuerza infección fetal.
Seguimiento del embarazo y del recién nacido
Los protocolos clínicos suelen incorporar:
- Ecografías seriadas para valorar la anatomía y el desarrollo fetal, así como la presencia de hallazgos sugestivos de toxoplasmosis congénita (ventriculomegalia, calcificaciones, hepatoesplenomegalia, etc.).
- Amniocentesis con PCR para Toxoplasma gondii cuando está indicada, para confirmar o descartar infección fetal.
- Estudios serológicos del recién nacido (IgM/IgA específicas, IgG seriadas) y, en muchos casos, PCR en sangre, orina, LCR o placenta, para determinar si existe toxoplasmosis congénita.
- Seguimiento a largo plazo con controles oftalmológicos y neurológicos, ya que algunas complicaciones, como la coriorretinitis, pueden manifestarse años después del nacimiento.
Cuidar el embarazo desde el laboratorio
La toxoplasmosis en embarazadas es un ejemplo claro de cómo una infección, muchas veces silenciosa en la madre, puede tener impacto en la salud del bebé. En Ambar Lab somos tu aliado para que puedas hacerte las pruebas necesarias para su detección.
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